Un chocolate muy especial

Buenas noches! Voy a tratar de volver a publicar en el blog como debe ser, siguiendo una estructura semanal al menos por las noches…

Por eso, retomó «Los lunes, leemos». Hoy tenía pensado hablaros de un libro que nos ha gustado un montón, pero a raíz de algo que ha pasado hoy, creo que lo dejaré para el próximo lunes…

Hoy os quiero hablar de un cuento que fomenta la tolerancia y el respeto frente al diferente.

No sé a vosotros, pero a mi el tema del acoso, bulling, racismo… me ponen enferma. Tanto cuesta educar y aceptar que todosss somos diferentes?!

Nadie es igual a otro. NADIE. Y nadie está por encima o por debajo de nadie.

Y esto no deben ser sólo palabras bonitas, no. Hay que inculcarlas, aplicarlas y hacerlas valer desde muy pequeños.

Y ahora si. Os apetece leer una historia?

«Un chocolate muy especial»

– Mami, mami, hoy llegó una niña nueva a la escuela.

– Que bien cariño, ¿Jugaste con ella?

– No mami, la mordí.

– ¿La mordiste? pero, ¿por qué lo hiciste?, la niña nueva estará muy triste.

– Mami, yo quería probarla.

– ¿Probarla?

– Si mami, la niña nueva es de chocolate y otros niños la llamaron negra.

– ¿De chocolate?, ¿Negra? ¡Oh! Cariño ya entiendo. Ven, acércate, siéntate junto a mi, quiero contarte una historia…

Mira, hace muchos años, en un país muy lejano, existía una pequeña aldea en la que sus habitantes vivían muy tristes porque el Sol cada día brillaba tan fuerte que solo les quedaba la noche para poder salir fuera de sus casas. Los niños no podían ir a la escuela, los papás no podían ir al trabajo…

– Pero mami, hoy también brillaba el Sol fuerte y fuimos a la escuela…

– Tienes razón cariño, pero fíjate, escucha…

En aquella aldea además de brillar muy fuerte el Sol, quemaba tanto, que los campos estaban sin flores, los ríos se secaban y si sus rayos tocaban en la piel de los aldeanos les producía unas quemaduras terribles. Entonces un día una niña pequeña como tú, le dijo a su mamá:

– Mami, esta noche buscaré al Señor Sol y le pediré por favor que deje de quemar nuestros campos, de secar nuestros ríos y de dañar nuestra piel. Él no me da miedo, la noche me protegerá y yo me cubriré muy bien.

La niña subió muy despacito una gran montaña esperando sin miedo a que el Señor Sol apareciera en el horizonte.

– ¡Señor Sol, Señor Sol!

– ¿Quién me despierta tan temprano?, Aún no ha amanecido – La voz del Señor Sol era un poco ronca pero la niña no se asustó y continúo llamándole…

– ¡Señor Sol, Señor Sol, por favor deje de quemar a mi pueblo!

Entonces el Señor Sol abrió sus brillantes y grandes ojos sorprendiéndose al ver a una niña pequeña envuelta en telas de muchos colores, despertándole tan temprano.

– ¿Qué haces aquí pequeña?, ¿Por qué llevas esas telas?, apenas puedo verte. ¿No tendrías que estar en la escuela? – Le preguntó El Señor Sol un poco disgustado.

Entonces la niña le explicó con todo detalle el motivo de su visita.

– Si me quito estas telas, quemarás mi piel clara y me dolerá mucho.

El Señor Sol se quedó muy pensativo y transcurridos unos minutos a los que la niña espero pacientemente le dijo:

– Eres muy valiente, y tienes un gran corazón porque no solo has venido por ti, así que voy a hacerte un regalo.

Buscó en un bolsillo de su gran bola radiante, sacando de él unos saquitos que entregó a la niña diciéndole:

– Mira, dentro de estos saquitos hay unos pequeños escudos mágicos que protegerán tu piel y a todos los habitantes de tu aldea. Tu piel se oscurecerá y estará siempre protegida contra mis fuertes rayos. Para tus campos y tus ríos, mandaré a mis amigas las nubes para que preparen las estaciones de las lluvias y no se olviden de tu aldea.

La pequeña agradeció al Señor Sol todos sus regalos y marchó rápido hacia la aldea.

Al día siguiente, todos los habitantes de la aldea habían puesto ya en su piel los pequeños escudos mágicos que les protegerían de los fuertes rayos solares. Su piel se oscureció, ¡estaban radiantes! Y la aldea volvió a la normalidad.

– Mami, entonces, ¿mi amiguita viene de un país lejano?.

– Seguramente cariño, sus abuelitos o sus antepasados vinieron de lugares donde el Señor Sol quema mucho y una fina capa de su piel se oscurece para protegerles. Por eso tu pensaste que tu amiguita era de chocolate.

– Gracias mami, mañana le daré muchos besitos a mi nueva amiga, le pediré perdón y jugaremos juntas. Sabes mami, su cara estaba radiante.

Este precioso cuento,

es de Eva María Riber,

ganadora del

Concurso de Cuentos cortos de

AMEI (Asociación Mundial de Educadores Infantiles).

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