Sobreviviendo

Sobreviviendo

Hace unos días que tengo todo esto muy abandonado. Me encantaría poder decir que ha sido porque estaba disfrutando o haciendo cosas chulas… pero no, me he limitado a ir sobreviviendo.

Soy la primera que ya está más que cansada de decir que estoy con migraña. Me siento agotada del dolor y de todo lo que conlleva.

Harta de los consejos, sé que la mayoría con buena intención, pero es que no. Gracias, no necesito opiniones ni recomendaciones. Con un poco de empatía basta.

Llevo desde 8° de EGB con migraña. Bueno, en aquella época lo llamaban jaquecas. Desde 8° de EGB hasta COU, me mandaron mil pastillas por el dolor, porque enseguida me acostumbraba a ellas.

Mis pobres padres me llevaron a fisioterapeutas, curanderos, acupuntura, reflexología, hierbas… probé de todo.

A punto de hacer la selectividad, siempre recordaré a un neurólogo, desesperado ya porque no sabía ni qué mandarme para el dolor! Me dijo «eres una correcaminos, tienes una tolerancia bestial».

Ahí me quedó claro que como algún día me diera por probar drogas, moriría rápido de sobredosis.

Pasaron los años. Llegaron los ansiados triptanes. Una nueva generación de medicamentos pensados para las migrañas. Porque hasta entonces, la medicación era para mil cosas, pero no específicamente para la migraña.

Comenzó el periplo de ir probando según iban dejando de hacer efecto.

Seguí con ataques migrañosos bestiales en la universidad. Cuando estuve en Italia de voluntaria, mi tutor quiso llevarme al hospital…

Daba igual que estuviera nerviosa, que tranquila. Anda que no he tenido que renunciar a cosas por el dolor, o por el saber que determinadas cosas provocarían un ataque de migraña (ruido, luz…).

Cuando llegué a Valladolid, el neurólogo fue de mis primeros conocidos. Me mandó diversos preventivos buscando reducir las crisis… nada. Me realizó bloqueos de los nervios, durante un tiempo funcionaron… luego nada.

En los embarazos, si en los embarazos, también sufrí migrañas. Una pesadilla absoluta pues sólo podía tomar paracetamol. Aunque bueno, realmente desde que quise ser madre, el neurólogo me indicó que nada de triptanes pues son abortivos.

Llego el botox, nada. Me hice el famoso piercing por la desesperación, nada…

Ahora llevo casi un año con lo que prometía ser la panacea: una inyección tipo vacuna mensual.

Si, creo que han bajado los días de dolor a lo largo del mes a veces, pero cuando me da, es muchísimo más fuerte e incapacitante.

Un ataque de migraña no es un dolor de cabeza, ojalá. Es sentir una espada clavada en la cabeza durante horas, días incluso semanas. Es sentirte mareada, a veces peor que si estuvieras borracha. Es tener unas náuseas bestiales que se incrementan con la luz, el ruido o los olores. Es tener las extremidades entumecidas, como si no tuvieran fuerzas o estuvieran dormidas. Es sufrir una lentitud mental, como si te costará pensar un montón y se te olvidan mil cosas. Es ver puntitos negros de repente. Es sentir una apatía tan brutal, que si se acabará el mundo te daría lo mismo…

Pues bien. Parece ser que los médicos de atención primaria no son conscientes de ello o no lo quieren ser.

Desde que llegó el Covid-19, desde que me cambiaron de médica de atención primaria, cada vez que he tenido que ir al médico me siento juzgada y maltratada como paciente.

«Una migraña no dura más de 24h» me dijo una doctora. «Te pinchamos un calmante y listo, esto no incapacita» me dijo otra.

Perdona????

Por desgracia he sufrido migrañas de hasta un mes. Por desgracia llevo un par de días yendo a urgencias a pincharme y sigue ahí.

Sé que la migraña por desgracia no tiene curación, ojalá. Ojalá se pudiera operar, yo me ofrecía voluntaria.

Pero también sé, que a muchos médicos la empatía se les ha perdido por el camino. Que las citas telefónicas les están volviendo puros administrativos.

Como sé que me van a llover críticas, vale, hay profesionales y no todos son iguales. Será que tengo muy mala pata y me tocan los que perdieron la vocación de sanar o paliar el dolor.

El Covid-19 nos ha robado mucho… no permitamos que nos robe la empatía. No nos dejemos arrebatar la sanidad que tanto costó tener.

Y por favor, si eres médico, ponte en la piel real del paciente que va echo polvo a tu consulta. No le juzgues. Y no juzgues si puede trabajar o no basándote en tus condiciones laborales, piensa en cómo es el trabajo de él y si realmente tu echo polvo podrías hacerlo.

Ayuda a que vivamos… porque sobreviviendo, llevamos años.

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