La mariposa y la muerte del jilguero

La mariposa y la muerte del jilguero

Hoy es #lunesdecuento y quiero retomar este espacio tan especial para mí, de fomentar la lectura en familia.

Como casi todos sabréis, hace más de un mes mi padre marchó. La muerte es un tema espinoso para hablar con los peques, pero es parte de la vida y como con todo tenemos que hablar con naturalidad de ella a los peques.

Cuando se va un ser querido es muy duro y no es facil asumir y gestionar las emociones. A los pequea tambien les pasa lo mismo y es importante ayudarles gestionar «correctamente» el trance y el duelo, porque si no la herida puede ser importante en su futuro.

Por eso hoy quiero compartiros este cuento.

«La mariposa y la muerte del jilguero»

Autora: Marisa Alonso Santamaría
cuentosentretenidos-marissa.blogspot.com
[email protected]

La mariposa estaba muy triste. Su amigo jilguero llevaba unos días sin visitarla y lo estaba echando mucho de menos. «¿Dónde estará?», se preguntó en voz alta.

Un conejo que pasaba por allí le preguntó:

– ¿De quién hablas?

– De mi amigo el jilguero – le contestó con una mueca- hace días que no viene a visitarme y estoy muy extrañada.

Al conejo le dio un vuelco el corazón. La noche anterior había escuchado decir a un búho que habían encontrado al jilguero muerto.

– Quizás ha salido de viaje – se le ocurrió decir en el momento.

El conejo se despidió de la mariposa, y fue enseguida a adentrarse en el bosque para contar a los demás animales lo que sucedía. Todos hablaban a la vez.

Si se lo decimos se le romperá el corazón – decían unos.

– Si no se lo decimos estará esperando al jilguero cada día y no entenderá por qué se ha ido – decían otros.

– De todas maneras se sentirá muy triste – decían los demás compungidos.

Pasaron dos días y los animales del bosque seguían sin atreverse a contar a la mariposa que el jilguero había muerto.

Mientras, ella seguía preguntando a todos por su amigo.

¿Has visto a mi amigo jilguero? – preguntó a un corzo.

– No; no lo he visto – contestó bajando la cabeza, alejándose rápidamente de allí.

– ¿Has visto a mi amigo jilguero? – preguntó después a la liebre.

– No; no lo he visto – contestó, y de un salto desapareció enseguida temiendo que la mariposa siguiera preguntando.

Al amanecer del tercer día estaba la mariposa desperezándose y escuchó hablar a dos colibríes que pasaban por allí.

Ha sido una pena lo que le ha pasado al jilguero… ¡Qué mala suerte enredarse en esa alambrada!

– ¿Al jilguero? ¿Qué le ha ocurrido a mi amigo jilguero? – preguntó muy alarmada.

– ¿No te has enterado? Lo saben todos en el bosque – le dijeron- . Murió la otra noche al chocar con una valla de alambre.

– ¿Quéeééééé? – gritó sin poderlo creer.

– ¡¿Cómo es posible que nadie me haya dicho nada?! – se dijo la mariposa- . Había preguntado a todos en el bosque.

Al enterarse de la muerte de su amigo y de que había sido engañada por todos los animales, la mariposa sintió una punzada tan penetrante en su pequeño corazón que a punto estuvo de morir en ese instante.

Todos en el bosque supieron que ocultando la muerte del jilguero a la mariposa, lo único que habían conseguido era causarle más dolor.

Poco a poco, con el paso del tiempo, la triste mariposa logró remontar el vuelo; pero nunca entendió por qué todos le habían ocultado la muerte de su amigo.

Una reflexión para terminar:
«A veces las personas se van para siempre y nadie sabe decirte dónde están.
Y necesitas encontrarles un sitio nuevo en el que puedan estar (un sitio que no sea tan lejano como las estrellas) y no tener la sensación de haber perdido algo del todo. Y piensas que quizá pueden estar en el mismo lugar en el que estuvimos antes de nacer, que, aunque no lo recuerdo, no me parece un sitio triste. Pero también siguen estando en tu cabeza, cuando cierras los ojos y los recuerdas cómo eran, en las fotografías (en las que los niños siempre somos más pequeños y los mayores son más jóvenes), en el olor de los sitios a los que ibas con esas personas y en el de algunas cosas… Siguen estando contigo, y en ti, de muchas formas. Y cada vez sientes menos pena, a pesar de que no los olvidas»

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Me alegra que te guste mi cuento, pero estaría bien poner que soy la autora.
    Un saludo.

  2. Lo siento no sabía su autoría.

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